lunes, 16 de mayo de 2016
3 comentarios

Formas tontas de morir: el cepillo de dientes eléctrico

Cementerio de misioneros extranjeros en el barrio Hongdae de Seúl

Esto que escribiré a continuación es una anécdota real como la vida misma. Es sorprendente, puede parece imposible, pero es verídica. En serio. Está basada en hechos reales como los mayores éxitos de la sobremesa televisiva de los domingos.

Seguro que alguna vez has visto a la venta cepillos de dientes eléctricos (eléctricos son los cepillos, no los dientes), y te has preguntado "¿quién compraría un cepillo de dientes con pilas?". Yo me hago esta pregunta siempre que los veo porque, seamos sinceros, tiene poco sentido meterle pilas a algo que se puede hacer perfectamente con la mano (dejemos de lado los artículos a la venta en sexshops, por favor). Es decir, ¿tanto trabajo da mover el cepillo a mano como para meterle pilas al invento y estar ahí parado delante del espejo sacándole lustre a los piños? Esto no es compatible con las teoría de Darwin.

En Corea también se venden los cepillos de dientes electrónicos de marras. No sé si los comprará mucha gente, porque además en este país los cepillos analógicos son muy baratos. Normalmente se venden en packs de cuatro o más cepillos, para que toda la familia estrene limpiadientes al mismo tiempo. Todo muy práctico. Es más, a veces incluso te los regalan por la calle para hacer publicidad.

Así pues, sospecho que la mayoría de abrillantadores dentales a pilas que se venden son destinados a regalos de empresa o de particulares con un extraño sentido del humor. En vez de calcetines o latas de spam, hay quien recibe cepillos de dientes a pilas. Y una vez lo tienen en casa habrá que usarlo, claro, al menos hasta que se le gasten las pilas originales.

Eso mismo le pasó a un hombre coreano que recibió un puledientes eléctrico como regalo de boda. Durante las primeras semanas de convivencia marital, en su afán de estar siempre fresco e impoluto, se pasaba sus buenos minutos en el aseo sujetando el aparato mientras sacaba brillo a los más oscuros rincones intradentales.

En un arrebato de higiene fue demasiado lejos y se acercó el cepillo a la garganta. El aparato empezó a rozar con la faringe en un movimiento que lo hundía cada vez más. En ese momento se le debió resbalar de la mano y ya no fue capaz de quitarlo. El aparato siguió rozando la garganta hasta hacer sangre, mientras el pobre chico se asfixiaba.

Y así, con una mano en la boca y mirada de desesperación, se lo encontró su esposa en el aseo media hora más tarde, ya frío, mientras seguía sonando de fondo el "bzzzzz" del cepillo infernal.

Asfixia por cepillo de dientes eléctrico. Muerte sin honor.


Como decía, todo esto es real. Le pasó al marido de la hija de una amiga de mi suegra, quien me contó la historia a mí. Y yo no pongo en duda lo que dice mi suegra coreana.
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  1. jajaja, cada cosa que se ve en el mundo, hay muchas muertes algo tontas, y algunas que hasta se hacen leyendas urbanas

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  2. Jajaja! me hecho reir, en un canal d tv hay un programa q se trata justamente d esto: formas bizarras d morir 1000 maneras d morir y hay cada caso

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