domingo, 10 de septiembre de 2017
5 comentarios

Corea del Norte no quiere dialogar

Tres generaciones de tiranos norcoreanos

Estamos en plena escalada de tensiones en la península coreana. Corea del Norte hace pruebas nucleares, lanza misiles y vocifera amenazas contra Estados Unidos y Corea del Sur, que a su vez realizan maniobras militares y responden con más amenazas. Mientras tanto, los intentos de diálogo del Gobierno coreano no hayan respuesta al norte de la frontera. Tampoco parece que las sanciones y la presión diplomática surjan mucho efecto sobre el régimen norcoreano. ¿Cuál es el plan de Corea del Norte?

Lo primero que hay que entender es que todo esto no es nuevo. Cada vez que aumenta la tensión intercoreana, de repente el asunto copa titulares y portadas en Occidente, cuyos medios de comunicación alertan de una situación insostenible y del inminente inicio de la Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, esto no es más que un ciclo que se lleva repitiendo desde hace décadas. Hay momentos en los que las tensiones bajan y las dos Coreas incluso entablan diálogos. En medio de ese clima de aparente tranquilidad sucede algo que prende la mecha, resurgiendo las amenazas de ambos bandos. Y cuando parece que no hay solución, las dos partes acuerdan aliviar las tensiones y vuelve la calma tensa. En los siete años que llevo en Corea del Sur he vivido este ciclo al menos tres veces. Ni las tensiones son nuevas ni este es el momento de más peligro de las últimas décadas.

Desde que la Guerra de Corea terminó en 1953 con un armisticio que nunca se convirtió en un tratado de paz, las tensiones y conatos de enfrentamiento son constantes. De hecho, en las épocas que se consideran tranquilas también hay tensiones y amenazas. Básicamente, cada vez que Corea del Sur y Estados Unidos hacen maniobras militares conjuntas, en primavera y al final del verano, Corea del Norte lanza amenazas de lluvia de fuego y a veces se les escapa un misil al mar. Insisto, esto ya no es novedad. Los surcoreanos están tan habituados a estos ciclos que los ignoran. Casi nadie se preocupa por la posibilidad de una guerra que se considera imposible.

Sin embargo, la posibilidad de un enfrentamiento abierto está ahí y es real. Es muy improbable, pero es posible al fin y al cabo. No porque Donald Trump o Kim Jong-un están locos, que no lo están y además tampoco tienen el mando absoluto para iniciar una guerra catastrófica, sino porque en algún momento puede haber un error de cálculo en algún bando que dé inicio a una escalada de hostilidades difícil de parar. Por eso, por muy tranquilos que estén los surcoreanos, los extranjeros siempre tenemos ese puntito de preocupación. Porque no nacimos en un país en situación técnica de guerra ni estamos acostumbrados a tener un vecino que tira misiles al mar prometiendo que un día los lanzará hacia el sur.

Cada vez que un nuevo presidente sube al poder en Corea del Sur, una de sus promesas es que solucionará el problema con Corea del Norte. Lo que está haciendo ahora Moon Jae-in no es muy diferente de lo que intentó Park Geun-hye en sus tres primeros años. Ambos intentaron iniciar intercambios civiles que dieran paso a contactos oficiales, con el objetivo de ir construyendo una relación de confianza mutua. El siguiente paso en ambos planes era entablar relaciones económicas, con el objetivo disimulado de conseguir que el Norte sea económicamente dependiente del Sur. Los dos se mostraron dispuestos a reunirse con el líder norcoreano. Ambos se mostraron muy optimistas, hablando de la reunificación como si estuviese al alcance de la mano. Y ambos terminaron dándose de bruces contra la realidad, y no les quedó más remedio que reforzar la defensa y endurecer las sanciones.

Todo esto sucede porque a Corea del Norte no le interesa dialogar. En realidad nunca le interesó. Mientras Corea del Sur y Estados Unidos cambian de Gobiernos y dan vaivenes ideológicos, el régimen norcoreano tiene un plan muy claro desde hace al menos dos décadas. Ese plan es conseguir un misil intercontinental con una ojiva nuclear, con el cual amenazar a Estados Unidos con un ataque a gran escala contra una de sus ciudades. Hace diez años el régimen norcoreano estaba muy lejos de conseguir su arma deseada, por eso simulaba dialogar y dar pasos hacia su desnuclearización, mientras por detrás seguía avanzando hacia su objetivo. Todo era un paripé con el objetivo de ir ganando tiempo. Ahora que ya están casi al final de su carrera armamentística, con una aceleración final que parece imposible sin la ayuda de China o Rusia, parece que ya ni necesitan disimular. Desde hace unos meses las amenazas con constantes y crecientes.

Si en algún momento existió la posibilidad de hacer uno de esos ataques preventivos de los que tanto se habla ahora, esa posibilidad pasó hace diez años. Ahora es demasiado tarde porque Corea del Norte ya puede lanzar misiles, nucleares o convencionales, capaces de alcanzar a Estados Unidos. Y también es capaz de barrer Seúl, no con artillería como antaño sino con misiles quizá nucleares. Aunque en el fondo Pyongyang nunca pensó en un gran ataque contra Seúl, porque su estrategia para reunificar la península bajo su dominio no pasa por una guerra sino por una absorción, y para eso necesita tener a una parte de la sociedad surcoreana a su favor.

Una vez Corea del Norte tenga la capacidad demostrada de lanzar un misil intercontinental con ojiva nuclear hacia territorio continental de Estados Unidos, se sentará a negociar un tratado de paz. Pero lo hará desde una posición de fuerza, como potencia nuclear. Lo que pedirá está bastante claro: la retirada de las tropas estadounidenses de Corea del Sur.

Muchos surcoreanos ven esa posibilidad con buenos ojos, ya que consideran que Estados Unidos no es el defensor de Corea del Sur sino el escollo que impide la reunificación, sin recordar que la presencia de las tropas estadounidense fue lo único que impidió que Corea del Norte invadiese completamente el Sur. Por eso a veces se habla de la retirada de las tropas foráneas y el establecimiento de una "confederación coreana", que no es otra cosa que el plan del Norte. Pyongyang no aceptará una confederación basada en proporciones según la población de cada Corea, donde el Sur tendría más de dos tercios de los votos, sino que el control tendrá que ser al cincuenta por ciento. Sin embargo, mientras por el Norte se presentaría un bloque monolítico representante del régimen, el Sur democrático presentaría una amalgama de representantes de las distintas facciones que integran el país. Algunas de esas facciones están alineadas con los objetivos de Corea del Norte, ya sea de manera consciente o inconsciente, por lo que el Norte tendría el control de la confederación pese a contar con menos de la mitad de la población del Sur y una economía en quiebra. Esa confederación coreana es una trampa que resultaría en una Corea unificada, sí, pero bajo un régimen dictatorial comunista y hereditario.

Pero entonces, ¿cuál es la solución a todo esto? Pues lamentablemente no hay solución. Ni las dos Corea se reconciliarán por arte de magia, ni Corea del Norte renunciará a sus armas nucleares, ni Estados Unidos aceptará una retirada de la península coreana a cambio de la paz con una Corea comunista y nuclear. Esto solo se soluciona si en Corea del Norte surge una revolución desde dentro, pero tras siete décadas de adoctrinamiento y con un control férreo de la información exterior, además de una represión brutal, esa revolución no parece posible.

Así pues, nos quedan décadas de este ciclo de tensiones. La única diferencia es que en algún momento, probablemente pronto, Corea del Norte pasará a ser una potencia nuclear y el mundo civilizado tendrá aún menos capacidad de maniobra.
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  1. Me ha gustado tu análisis ha sido muy interesante y bastante objetivo (algo que se hecha de menos en el periodismo), desde aquí mucha gente piensa que el fin del mundo está cerca.

    Llevo un tiempo siguiendo tu blog y quería darte las gracias por todas las cosas que nos cuentas sobre Corea.

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  2. Hola! Gracias por la información . En Chile los noticieros muestran a Corea del Sur en situación mut crítica y eso me tenía bastante preocupada, ya que pronto viajaré a Corea. Ojalá todo se solucione pronto y quedé en simples amenazas como siempre lo han hecho.
    Saludos!

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  3. Una pregunta: ¿Crees que un ataque preventivo del Sur podría evitar una situación tan lamentable como la unificación bajo el comunismo? ¿Está el ejército de Estados Unidos/Corea del Sur en capacidad de unificar la península bajo la bandera surcoreana?

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  4. Gracias por tu nota!!! Leo notas y notas pero eres al único que le entiendo clarito clarito. Saludos

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  5. Pues espero que la soberbia coreana a la que te has habituado no cobre la vida de tu familia.

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