domingo, 4 de abril de 2010
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Luna de miel en Grecia I: Atenas

Bandera de GreciaLa última semana de septiembre de 2009 comenzó nuestro viaje por Grecia, que podemos considerar como la luna de miel después de la boda. Estuvimos dos días en Atenas, después tres días en Santorini, otro día en Atenas, dos días en Meteora, y los dos últimos días otra vez en Atenas.

Aunque con un retraso bastante grande (debido sobre todo a la falta de tiempo para revisar las más de mil fotos tomadas), vamos a explicar aquí nuestras impresiones sobre Grecia y sobre el viaje, o más bien las mías, porque Miyoung ya puso una entrada en coreano sobre el tema hace meses. Como parece que los posts de más de tres párrafos no los lee casi nadie (hehe), vamos a dividir el viaje en tres partes: Atenas, Santorini y Meteora. Y como no podía ser de otra forma, empezaremos por la capital: Atenas.

Antes de nada hay que decir que ya nos habían avisado de que Atenas es un poco decepcionante; y, efectivamente, Atenas es una ciudad que no alcanza las expectativas creadas. Principalmente por dos razones: las ruinas de la civilización griega están en un estado "demasiado ruinoso", y la ciudad no cumple con los stándares de limpieza europeos (por decirlo de una manera suave).

Es sorprendente que una ciudad que fue el centro de la primera civilización importante en Europa, cuna de la democracia y de las ciencias y artes modernas (filosofía, medicina, matemáticas, arquitectura, escultura, etc.), que es reconocida universalmente, y que debería ser uno de los principales destinos turísticos del mundo, provoque en el visitante la sensación de que no está siquiera en la capital de un país europeo. La limpieza de las calles deja bastante que desear, y hay zonas que están literalmente tomadas por drogadictos y prostitutas. Aunque no hay sensación de inseguridad porque la presencia de policías es constante, no es agradable ver ciertas cosas mientras se pasea al atardecer.

El Partenón en la Acrópolis de Atenas
El Partenón, en la Acrópolis.

En cuanto a la ciudad en sí, está claro que la principal atracción es la Acrópolis. Visitamos la famosa colina el domingo, aprovechando que es gratis (cualquier otro día son 12 euros). La Acrópolis es una gran colina rocosa que está situada en el centro de la ciudad, con los edificios más representativos del antiguo imperio griego en lo alto. El edificio más famoso es sin duda el Partenón, un ejemplo claro de la arquitectura griega. También está el templo de Atenea Nike, con las reconocidas columnas con forma de mujer, las "Cariátides". Es un lugar que logra transmitir grandeza al visitante, pese a dos grandes problemas: uno, la excesiva presencia de turistas (inevitable); y dos, el mal estado de las construcciones, en un eterno proceso de reconstrucción, con los edificios rodeados de andamios y con las piedras tiradas por el suelo. Además, las pocas piezas de arte que se pueden ver no son las originales, porque la mayoría están en el Museo Británico, y el resto en el nuevo Museo de la Acrópolis. Para entender esto, vamos a repasar la historia moderna de la Acrópolis.

Esta maravilla estuvo abandonada durante siglos, hasta que el noble inglés Lord Byron se interesó por ella y comenzó su reconstrucción y restauración. Pero esta ayuda no fue del todo altruista, pues se llevó las mejores piezas a Inglaterra (incluyendo los frisos del Partenón y una de las cuatro Cariátides). Y menos mal que lo hizo, porque poco después, durante la invasión turca, el Partenón fue usado como polvorín para almacenar armas y explosivos por parte de los turcos, hasta que un día hubo un accidente y saltó todo por los aires. Desde entonces, Grecia intenta reconstruir los edificios y el entorno de la Acrópolis, pero con una lentitud exasperante. Y además con poco éxito, porque no es extraño que haya que desmontar partes ya reconstruidas para evitar que se derrumben de nuevo, y a veces incluso no lo hacen a tiempo y las piedras se dañan aún más. Es increíble que un país con una riqueza cultural y turística tan grande, no haga un esfuerzo por tenerla en buenas condiciones para aumentar el flujo de turistas (y de dinero, que no es precisamente un país rico).

Ruinas del Templo de Zeus en Atenas
El Templo de Zeus.

Al pie de la colina se halla el Museo de la Acrópolis, que fue inaugurado recientemente y guarda las piezas originales que no quisieron los ingleses. También está aquí la Embajada de España, en una localización envidiable. Un poco más lejos puede verse el Templo de Zeus, que era el mayor de todos, pero del que apenas se conservan unas pocas columnas.

Al otro lado de la Acrópolis está el Ágora Antigua, lo que era el centro de la antigua ciudad. Sin embargo, está absolutamente en ruinas, excepto el Templo de Hefesto en lo alto de una pequeña colina. En ocasiones parece que los griegos de hace 2.000 años tenían una mayor capacidad para erigir monumentos y edificios impresionantes que los griegos de la actualidad, porque ahora no son capaces de reconstruir lo que levantaron sus ancestros.

Cerca de aquí hay una zona para turistas, con los típicos restaurantes que se pelean por atraer turistas para que tomen un plato típico de mala calidad a un precio abusivo. También, las tiendas vendiendo los típicos souvenirs (muchos de ellos Made in China). Aunque aquí hay algo distinto a la mayoría de países, pues los dueños de estas tiendas no son precisamente simpáticos.

Ruinas del Templo de Hefesto en el Ágora Antigua de Atenas
Templo de Hefesto, en el Ágora Antigua.

En el centro administrativo de Atenas está la Plaza de Sintagma, probablemente el punto más limpio y mejor cuidado de la ciudad. El Parlamento y la Biblioteca son unas bellas muestras de edificios modernos construidos al estilo clásico. Aquí cerca está el parque, que no merece la pena, y el Estadio Olímpico Antiguo (el Panathinaiko), un estadio abierto con capacidad para 80.000 personas, que fue construido aprovechando el hueco entre dos colinas. Este estadio se usó en los Juegos Olímpicos de 2004 para el final del maratón y las competiciones de tiro con arco (victoria de Corea, por supuesto).

Estadio Olímpico antiguo de Atenas
Estadio Olímpico Antiguo.

Y ya que nombramos las Olimpiadas, hablemos de la zona olímpica, situada en las afueras pero comunicada por metro. A simple vista se ve que fue diseñada por Santiago Calatrava por varios motivos: es calcada a la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, está todo pintado de blanco, hay estructuras inútiles a mansalva, y los hierros pintados de blanco reflejan tanta luz que es imposible mantener los ojos abiertos. Aparte de esto, hay que reseñar el estado de abandono en que se encuentra toda la zona. Parece que se gastaron un montón de millones en hacer unos estadios e instalaciones para las olimpiadas, pero sin un plan para usarlos después.

Da la impresión de que fue todo abandonado en septiembre de 2004, y que por allí no ha vuelto a pasar nadie. Bueno, alguien sí, a veces debe haber partidos de fútbol, porque está todo lleno de pintadas. Los hierros se oxidan y los desconchados dominan las paredes, mientras la vegetación se seca en unas zonas y evoluciona a selva en otras. Los estadios están rodeados de vallas tiradas por el suelo, para impedir el acceso de unos turistas que no hay, porque hubo momentos en que éramos las únicas personas en el recinto.

Vista de la zona olímpica moderna de Atenas
Zona Olímpica moderna. Hierros blancos por doquier.

Por último, mencionar que Grecia es ciudad de entrada de inmigrantes indios y paquistaníes hacia Europa. Esto se nota porque las calles están atestadas de vendedores ambulantes. Ofrecen todos la misma mercancía, unas figuras de goma que recuperan su forma después de lanzarlas contra el suelo. El día que llovió desaparecieron todos, para regresar poco después sin los muñecos de goma, pero con paraguas (más útil que las dichosas figuras). Eso sí, en cuanto aparece un policía escapan todos, con las mercancías en una bolsa.

Cambio de la guardia en la plaza de Sintagma de Atenas
Cambio de la guardia en la Plaza de Sintagma.

En definitiva, que lo mejor fue el hotel Fashion House (muy bien situado justo enfrente del metro, con un diseño moderno y un desayuno impresionante), la zona de Sintagma, la temperatura (25-30 grados en septiembre), y los primeros encuentros con la ensalada griega (muy buenos restaurantes en la zona de Sintagma, incluyendo un restaurante coreano).

Y de regalo, un momento musical.


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  1. Algunos sí que leemos más de 3 párrafos. Pero por capítulos es bastante cómodo.

    Se me están sacando las ganas de pasarme por ahí un año de estos.

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  2. Pues en verdad no recomiendo mucho visitar Atenas, a menos que seas un superfan de la historia clásica.
    Eso sí, cuando veas la tercera parte, que es Meteora, ya verás, ya...

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