La semana pasada compramos los ingredientes para hacer un rico arroz con marisco a la coreana. Quizá no tan sabroso como la orgía cangrejil de hace unos meses, pero una excelente forma de terminar el día en casa con la barriga alegre. Compramos lo que había de oferta en el supermercado ese día: unos langostino y dos ejemplares de esos enormes mejillones coreanos que tan bien quedan en las sopas de marisco.
Estos grandes mejillones se llaman 키조개 en coreano, y no tienen nombre en español. Por si alguien quiere buscar, pertenecen a la especie Atrina pectinata y en inglés se conocen como Pen shell. El caso es que llegaron a casa aún vivos, y nos dieron un susto cuando, al intentar abrirlos del todo, se cerraron de repente atrapándonos los dedos. Nada que no se pueda solucionar con un cuchillo y pocos escrúpulos.
Y fue al abrirlos a lo bruto cuando apareció la sorpresa: un cangrejito que viajó de polizón en uno de los mejillonazos. Demasiado duro para añadirlo al arroz y demasiado marítimo para sobrevivir en el arroyo Cheonggyecheon, el pequeño crustáceo tuvo sus últimos minutos de gloria como entretenimiento de Sonia, que veía un cangrejo por primera vez.
No contaré el final del cangrejo, pero no creo que un crustáceo de pueblo como ese sobreviviera mucho en la gran urbe que es Seúl. El arroz, muy rico, gracias :)



