miércoles, 11 de agosto de 2010
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Té tradicional en casa de unos monjes budistas

Recientemente tuve la oportunidad de visitar a un par de monjes budistas que se retiraron del templo, para llevar una vida de meditación en una casa particular. La foto es del té con el que agasajaron a las visitas. Era un té verde joven, que se recoge cuando las hojas aún no están completamente desarrolladas, adornado con una flor seca para dar aroma. Como acompañamiento, unos dulces elaborados con frutos secos como nueces, orejones (albaricoques secos), dátiles, castañas... Todo servido con utensilios tradicionales, y en un ambiente muy especial.
La historia de estos monjes es curiosa, porque vivían en un templo y decidieron continuar con la vida de monjes budistas, pero en su propia casa. Adquirieron una casita en la ladera de una montaña, apartada de la civilización, y se dedican a estudiar, cuidar el jardín, meditar... y recibir a las visitas. A mí personalmente el hecho de que sean dos, un hombre y una mujer, y se apartasen del templo para vivir independientemente, me hace sospechar... pero debe ser cosa de mi carácter gallego, así que no diré más.

En cualquier caso, el budismo es una religión bastante libre en ese sentido. Conozco algún caso de personas que sintieron la llamada de la fe ya entrados en años, y se marcharon al templo abandonando a su familia. Y algunos de ellos, después de unos meses sometidos a los rigores de la vida monástica (celibato, dieta vegetariana estricta, levantarse a las 3 de la mañana...) decidieron que al fin y al cabo la fe está en uno mismo, y regresaron a su vida anterior. Es decir, las puertas de los templos están siempre abiertas, tanto para entrar como para salir.

Estos dos monjes en concreto son bastante populares, y mucha gente los visita. Muchas veces para pedir consejo, o por simple tranquilidad espiritual. Y claro, nadie va con las manos vacías. De esta forma, los monjes reciben un flujo constante de alimentos de toda clase. Estos alimentos los consumen ellos mismos y las visitas, que muchas veces comen con ellos. Lo que sobra, lo reparten entre los visitantes, ejerciendo una curiosa actividad de intercambio de comida.

También disponen de una gran sala de oración con las típicas figuras budistas, en la cual la gente deja pequeños donativos económicos para el mantenimiento del lugar. Como agradecimiento ellos cuelgan una pequeña cinta con el nombre de las personas que contribuyen. Esto también sucede en el jardín, donde los árboles tienen una etiqueta con el nombre la persona que los donó y la fecha.

Dicho de otra forma, reciben dinero y comida de los visitantes, y a cambio proporcionan consejo espiritual y comida a quien lo pide (comida elaborada por los visitantes, con los alimentos donados por los visitantes). Me parecen dos personas estupendas, muy simpáticos e inteligentes, y con un gran don de gentes. Pese a todo, no puedo evitar pensar que al fin y al cabo, son como una pequeña sucursal de una empresa que tiene sus grandes oficinas en las montañas...

Por cierto, en este enlace podéis ver cómo es la ceremonia tradicional del té en Corea.
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