martes, 11 de febrero de 2014
3 comentarios

El chucuchú del tren español

En el reciente viaje a Japón tuve la oportunidad de probar el tren rápido japonés Shinkanzen y un tren regional más lento. También en Corea probé muchas veces el tren bala KTX, alguna vez el tren normal Saemaul e incluso el vestusto Mugunghwa. Todos ellos me dejaron un buen sabor de boca por la comodidad, la puntualidad y, en el caso de los trenes coreanos, un precio asequible. Pensando sobre estas cosas hoy me he acordado de mis experiencias con trenes en España, que no fueron tan satisfactorias.

Pequeño tren infantil en Corea
Esta foto es off-topic, pero me gusta :)
En España usé muy pocas veces el tren. Dejando de lado una excursión escolar a Catoira cuyo mayor atractivo era precisamente montar en tren, y el trayecto a Coruña para subir al avión que nos traería, vía Londres, a nuestra nueva vida en Corea, solo usé los trenes de Renfe para desplazarme un par de veces desde Madrid a Galicia. Una vez para poner punto y final a la aventura de llevar un coche de Irlanda a Castilla, y la otra por un motivo inconfesable. Una vez recordados todos mis viajes en tren la conclusión es obvia: los trenes de España son insufribles.

Sí, ya sé que allá por el Mediterráneo existe algo llamado AVE. Lo vi en algún Telediario. Pero en el norte esas cosas tecnológicas nos quedan muy lejos, así que hablaré de lo que conozco. Y lo que conozco es el viaje de 11 horas que me pegué dos veces para llegar a mi Vigo natal.

Once horas en tren son muchas horas. Son menos que las doce o trece que se tarda en volar a Corea, pero a mí se me hacen mucho más largas. Sin pantalla para ver películas, ni azafatas repartiendo snacks, y en aquellos días sin teléfono con internet, no había ningún entretenimiento posible. En el segundo viaje fui equipado con un libro, pero en el primero no tenía ni una triste revista, y para colmo me tocó pasillo y ni por la ventana podía ver. Creo que nunca en mi vida vi el reloj tantas veces como en aquel viaje.

Ni dormir se podía, porque el tren estaba continuamente acelerando y frenando. La sensación era de rabia e impotencia, porque estaba claro que el tren podía ir mucho más rápido si no tuviera un horario que lo atenazara. En cada una de las múltiples estaciones en las que paraba, porque paraba en cualquier lugar en el que hubiera cuatro casas y un andén, era la misma historia. Salía de la estación a bastante velocidad, yo pensaba que por fin empezaba el viaje de verdad, pero a los pocos minutos disminuía la marcha para no llegar a la siguiente estación antes de hora. Lo dicho, insufrible.

En algunos tramos la vía iba paralela a alguna carretera comarcal, y recuerdo cómo los coches parecían bólidos de F1. En una ocasión estuvimos varios metros en paralelo a un pareja de mujeres que paseaban casi a la velocidad del tren, mientras yo me retorcía de desesperación en mi asiento, sin poder contar los minutos hasta llegar a casa.

Ahora veo en la web de Renfe que esto ha mejorado un poco. Aunque la alta velocidad se sigue retrasando, el Alvia puede hacer el trayecto en poco más de seis horas, que es lo mínimo exigible porque ese tiempo es más o menos lo que se tarda en coche si se respetan los límites de velocidad. Supongo también que los nuevos trenes serán algo más cómodos, aunque solo sea porque las cinco horas de diferencia se pueden pasar en el sofá de casa. Sin embargo, me resulta difícil olvidar que fue precisamente esta línea la que sufrió el terrible accidente de Santiago hace menos de un año, en un día negro que conmocionó a todo el país.

La verdad es que en mi opinión moverse por España es mucho más sencillo en coche, o avión para trayectos largos, que en tren. Esto es una pena, porque tras mi experiencia en Corea y Japón he descubierto que una red de ferrocarril bien diseñada, con servicios frecuentes y eficientes, puede ser la maravilla de las maravillas cuando se viaja. Y eso sin contar con el encanto de viajar en tren, mirando por la ventana como el paisaje se va transformando, y escuchando el rítmico chucuchú del tren...
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  1. yo me metí 11 horas en un viaje de Barcelona a Vitoria, que infierno poddio... en México tenemos la ventaja de que el tren de pasajeros simplemente no existe

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    Respuestas
    1. Me acuerdo del documental de la máquina comehombres. Desgarrador.

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  2. Me gustaría contarte mi historia pero en mi país ni siquiera hay tren, lo dejaron morir...en fin, me queda la lección de que no es la panacea que nos venden los medios o políticos de turno para solucionar los problemas de movilidad.

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