domingo, 11 de abril de 2021
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Mínimos personales

Playa llena de pequeños montoncitos de arena

Algunas experiencias o situaciones se nos quedan grabadas en la memoria por mucho tiempo. No hay que hacer nada especial y tampoco hay manera de evitarlo. Simplemente sucede.

Suele pasar con primeras experiencias y es un fenómeno más común cuanto más joven. Se dice que este es el motivo por el que el tiempo parece acelerarse al ganar edad. Para un niño todo es nuevo, es como si se pasase el día con los ojos bien abiertos sorprendiéndose a cada paso. Para un anciano, en cambio, los días parecen una sucesión de déjà vus*, porque casi todas las situaciones le recuerdan un momento ya pasado.

En mi memoria perduran muchos momentos grabados a fuego. Algunos son buenos (primer viaje a Londres, nacimiento de mis niñas), otros parecen provocados por los remordimientos (las veces que he perdido la calma o no he tratado bien a un amigo), y en una tercera categoría están lo que podría denominar "mínimos personales".

Recuerdo ir en coche a urgencias llorando tras un segundo esguince de tobillo casi consecutivo, recuerdo la sensación de impotencia al ver cómo la desorganización plena de un jefe afectaba a mi vida personal, recuerdo el día que comprobé que en Corea no tenía opciones de desarrollar una carrera profesional. Son como pequeños flashes que vuelven a mi mente de vez en cuando, y que en general me provocan una sensación de que lo peor ya ha pasado.

Ahora parezco estar en otro de esos momentos. Mi familia está en Corea y, debido a la pandemia, no tenemos claro cuándo volverán. Entre visados, cuarentenas y restricciones varias, tampoco resulta fácil hacer una visita desde España. Ya llevamos así nueve meses y no sé cuándo estaremos junto de nuevo. Esta separación cada vez me pesa más. Hay días que parece una gran losa que me impide hacer, pensar ni sentir.

También está siendo una época de mucho trabajo. Por supuesto, que haya trabajo es bueno, y los picos de trabajo son habituales y hay que saber llevarlos. El pequeño problema es que esto, más que un pico, parece una cuesta hacia arriba cada vez más empinada. Estoy en medio de muchas cosas, intentando mediar y contentar a todas las partes, y el estrés va en aumento.

En estos tiempos extraños en que nadie se acerca a nadie y la vida social se resiente, mi único hobbie al aire libre es salir a correr al monte. Lo malo de correr por caminos de piedras es que no son llanos ni regulares. En las últimas semanas me he caído dos veces, y en una de estas caídas me hice bastante daño. En la ducha, abriendo las heridas para limpiar el barro de dentro, me acordé de mi ascendencia familiar hasta varias generaciones atrás.

Para redondear las cosas, en el último par de semanas hemos estado de cumpleaños mi esposa, mi segunda niña y yo mismo. Pasar estos cumpleaños sin ellas me ha dolido. Por suerte tengo la compañía de mis padres y mi hermano, pero no es lo mismo. Mi familia principal ya son ellas, y están demasiado lejos.

Todo esto está teniendo un efecto curioso. Justo cuando dispongo de más tiempo para hacer cosas, menos ganas tengo. Cuántas veces he deseado tener las tardes y los fines de semana libres para dedicarme a alguna afición o desarrollar algún proyecto online. Ahora que dispongo de ese tiempo, simplemente no me apetece. La palabra es desidia, y odio la sensación de sucumbir a ella.

En algún punto del futuro leeré este post y recordaré estos momentos como algo lejano. Tan solo espero que ese futuro llegue pronto.

* Decir déjà vu suena cursi, pero la palabra en español es paramnesia y suena todavía más cursi.
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