lunes, 23 de marzo de 2020
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Confinamiento por coronavirus: semana 1

Playa de Melide vista desde Cabo Home

¿Te gusta la foto de arriba? La tomé con el móvil el sábado 14 de marzo de 2020, en un largo paseo de 4 horas y 30 kilómetros por el monte. Lo que no sabía entonces es que ese era el último día de libertad antes de que se decretase el confinamiento de la población de España debido a la pandemia de coronavirus que estamos sufriendo. Hoy se cumple una semana de encierro y lo voy a celebrar escribiendo un post sobre el tema.

Sobre el virus no tengo mucho que decir. Ni soy médico ni epidemiólogo ni nada parecido, así que lo que haré será recomendar que se lean fuentes fiables sobre el tema. De momento no se sabe demasiado, y a veces las informaciones son incluso contradictorias. Lo único que parece claro es que apareció primero en Wuhan, en China; que se extendió rápidamente por todo el mundo; que es muy contagioso; que la tasa de mortalidad no es muy elevada y está entre el 1 y el 4 por ciento (bastante más que una gripe común, que tiene sobre el 0,1 %); y que es más peligroso en personas mayores de 70 años pero no inofensiva entre los jóvenes ni los niños. Como digo, si buscas información fidedigna es mejor que leas webs serias y no blogs como este.

Hecho la vista un poco atrás y recuerdo mis primeras reacciones cuando en enero leí las primeras noticias sobre una extraña gripe que estaba provocando muertes en Wuhan desde finales de diciembre. Poco después se empezaron a tomar las primeras medidas de control de la población en esa ciudad china. Todo parecía muy lejano y desde Occidente no se hacía demasiado caso del tema.

La percepción comenzó a cambiar cuando aparecieron los primeros casos en otros países. Viví con cierta preocupación la situación en Corea del Sur, ya que tengo allí a mi familia política, que además vive en Daegu, que era justo la ciudad más afectada en el país. El virus consiguió que mi suegro no fuese a trabajar durante dos semanas consecutivas, algo que no había pasado en toda su vida.

Pasamos al mes de marzo y todo cambia radicalmente. El coronavirus (técnicamente COVID-19) ya es declarado oficialmente una pandemia por la OMS (Organización Mundial de la Salud). Mientras en China las autoridades afirman tener el virus bajo control y en Corea va disminuyendo el número de contagios y muertes, en Italia se desata el caos con unas cifras de contagiados y muertos en aumento exponencial. Los italianos van tomando medidas pero la situación, lejos de mejorar, se hace insostenible por momentos. El sistema sanitario colapsa, no hay plazas hospitalarias para todos los afectados, y los médicos empiezan a aplicar criterios de esperanza de vida para escoger a qué enfermos dan prioridad. En otras palabras, se empieza a elegir quiénes sobrevivirán y quiénes no. Dramático.

En España, pese a la ventaja de ir con retraso respecto a otros países (unos 10 días sobre Italia, que es el mejor espejo conde mirarnos), tardamos bastante en reaccionar. El domingo 8 de marzo, con el virus ya desatado en Madrid, se celebran manifestaciones en toda España con motivo del Día de la Mujer, así como eventos deportivos, actos culturales e incluso un mitin político en un pabellón a rebosar. Los lodos de aquellos polvos llegaron muy rápido: ministras contagiadas, líderes de Vox contagiados, y miles de ciudadanos anónimos contagiados pese a no salir con nombre propio en las noticias.

En menos de una semana pasamos del "no hay que suspender nada porque es poco más que una gripe" al "todo suspendido y que nadie salga de su casa" con la declaración del Estado de Alarma. El pánico ya corría desbocado y la gente acudía en masa a las supermercados para hacer acopio de alimentos básicos. Y papel higiénico, algo que me resulta muy curioso porque en el peor de los casos siempre se puede sustituir por una ducha, y perdón por la nota escatológica.

Y así estamos ahora. Las cifras oficiales hablan de 28.000 contagiados y 1.700 muertos en España. El Gobierno dice que lo peor está por venir. La economía se derrumba. Y lo peor de todo es que no se sabe hasta cuándo durará todo esto. Es posible que en los próximos días la curva se aplane o que incluso se empiece a aplicar uno de los muchos tratamientos que se están probando ya en humanos. Para la vacuna, eso sí, habrá que esperar al menos un año y esperemos que para entonces ya no sea necesaria. Sin embargo, también es posible que a la falta de medios materiales en los hospitales se empiece a sumar la falta de medios humanos debido a contagios entre médicos y enfermeros, que la pandemia siga escalando hasta el verano, que no quede familia sin algún muerto, y que económicamente retrocedamos medio siglo.

En nuestro caso particular, que es de lo que debería tratar este post en un blog personal como el mío, estamos bien. Todavía no conozco ningún caso de contagio en la familia, allegados ni mi entorno laboral. El encierro en casa lo llevamos bastante bien. Las niñas juegan con los aparatejos algo más de lo habitual, pero los adultos tenemos tareas de sobra parea no aburrirnos. Yo estoy trabajando desde casa desde el pasado lunes, algo que no es nuevo para mí pues ya me pasé cuatro años así en Corea. El trabajo, sin embargo, es muy diferente por ser más colaborativo y por la propia situación, ya que es un goteo continuo de clientes que cierran y trabajos que se suspenden. Estoy viviendo de cerca la paralización de la mayoría de la industria, y puedo decir que esto no pinta nada bien.

Ayer hice mi primera salida al exterior para ir al hipermercado y la imagen era casi apocalíptica. Apenas vi coches en las carreteras ni personas en las calles. Había una fila de una hora para entrar al Carrefour porque el aforo estaba limitado. Y una vez dentro, al ambiente era tristón. En este sentido, me sorprendió el civismo de la gente, esperando con paciencia, casi todos con guantes y al menos la mitad con mascarilla. He comprado lo suficiente para comer un par de semanas, de forma que espero no regresar a espacios compartidos hasta el mes de abril.

Termino con mi opinión de cuñado virtual sobre la manera de vencer a esta pandemia. Al coronavirus no lo derrotarán los políticos sino los ciudadanos. En Corea del Sur no se aplanó la curva de forma tan espectacular gracias al Gobierno (aunque los centenares de miles de tests ayudaron mucho), sino que fue gracias a la concienciación ciudadana y los hábitos ya presentes en los surcoreanos. La concienciación porque no fue necesario decretar el Estado de Alarma para reducir el movimiento de personas. Desde que aparecieron los primeros casos, mucha gente empezó a quedarse en casa por miedo y las salidas al exterior se redujeron al mínimo imprescindible. Y los hábitos porque en Corea es común desde siempre ver personas con mascarilla cuando aparecen los primeros resfriados, y lo de ponerse guantes y lavar las manos con jabones desinfectantes ya lo vi varias veces en brotes previos de gripe aviar y similares.

En contraste, en España llevar mascarilla era motivo de burla hasta prácticamente ayer y, aun ahora en medio de un caos sanitario sin precedentes, sigue habiendo individuos egoístas que se saltan el confinamiento en busca de su disfrute personal.

Señores y señoras, esta es la guerra de nuestra generación. Más vale que nos lo tomemos en serio desde ya y nos preparemos para varios meses de batalla, primero contra el bicho y luego contra las consecuencias económicas.

Y termino con una nota para los lectores que lleguen desde Latinoamérica. Estáis ahora como estábamos en España hace un mes. Preparaos para lo que puede venir.
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3 comentarios
  1. Hola, como has estado. En Colombia en completo confinamiento. Yo creo que la idea de las autoridades colombianas es copiar en la medida de lo posible la estrategia coreana(creo que es la estrategia de todo el mundo que no son España e Italia, o USA). Me alegra que estes bien. Cuídate a ti y a tu familia. Lo importante es salir con vida de esta. Ya después se vera....

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    1. Lo curioso es que en Corea del Sur la única medida oficial fue cerrar escuelas, pero no se llegó a restringir el movimiento de las personas. Al virus lo vencieron los ciudadanos con su higiene y limitando sus salidas de manera voluntaria. Y esto acaba siendo más efectivo que medidas obligadas en países donde la gente es menos responsable.

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    2. Pues el detalle importante es "gente menos responsable". Pero además ellos ya tenían experiencia enfrentando este tipo particular de pandemia. Nosotros en cambio aunque lidiamos con la malaria(pero tenemos drogas para combatirla) con esto ni idea....

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