miércoles, 14 de diciembre de 2016
2 comentarios

Mis vacaciones de este año: Dos días en Yangyang

Elsa disfrutando de la costa este de Corea del Sur

Yangyang, cuando Miyoung me propuso ir a pasar un par de días a este lugar por un momento pensé que quería viajar a China. Pero no, Yangyang (양양) es una pequeña localidad de la costa este de Corea del Sur, muy cerca de Sokcho, y ahí es a donde fuimos a pasar mis dos días de vacaciones.

Sí, dos días de vacaciones. Resulta que tengo diez días libres para todo el año y no hay nada parecido a bajas laborales o días de asuntos propios, por lo que en doce meses solo puedo ausentarme del trabajo diez días. Para más inri, la mayor parte de esos días me los gasté en hacer otros trabajos, por lo que ya temía que este año no tendría vacaciones. Pero afortunadamente pudimos organizar este viajecito justo en la última oportunidad. Y supo a gloria.

Vista del templo Naksansa en Yangyang

Fuimos a Yangyang en un autobús desde Seúl que subió hasta casi mil metros de altitud al cruzar las montaña Seoraksan, causando un serio mareo a las niñas que por un momento nos hizo pensar que acabarían vomitando. No fue así, y tras el madrugón pudimos llegar a una hora decente para hacer un poco de turismo. La gran atracción de Yangyang es el templo Naksansa (낙산사), uno de los pocos de Corea del Sur que está situado cerca del mar. No está tan al borde de la costa como el templo Haedong Yonggungsa de Busan, sino sobre una colina con vistas al mar del Copón.

Lo más destacado de este templo, que por otra parte es muy bonito, es una gran estatua budista que representa un Avalokiteshvara, un tipo de bodhisattva. Es decir, no es un Buda sino otra figura del budismo. Esta estatua de 700 toneladas y 16 metros de altura fue construida entre 1972 y 1977, y es una de las pocas piezas que sobrevivió a un gran incendio forestal que destruyó el templo en 2005.

Gran estatua de una Avalokiteshvara en el templo Naksansa

Tras el paseo por el templo fuimos al Hotel Sol Beach, que está construido tomando como modelo las casas del Mediterráneo español. Es cierto que la arquitectura es similar y además cuenta con varios mosaicos al estilo de Gaudí, pero el gran atractivo no es este sino su cercanía al mar. El hotel está literalmente a dos pasos de una bonita playa en la que pasamos el último par de horas de luz del día, antes de ir a dormir en una habitación tipo hanok -sin camas- que resulta muy práctica porque las niñas pueden rodar de noche mientras duermen sin peligro de caídas.

Oleaje en la costa este de Corea del Sur

Tras un desayuno tipo buffet de los mejores que he disfrutado nunca, el segundo día lo dedicamos a la piscina del hotel, donde estuvimos unas seis horas en remojo. En la zona exterior había bastante frío pero, como el agua estaba climatizada, pudimos jugar un buen rato con la niñas. La parte de dentro también estaba bastante bien, pequeña pero funcional.

Lo bueno de tener hijas es que me voy a la ducha solo y puedo pasarme una horita abstraído en los baños calientes. Mis suegros dicen que echaré de menos tener un hijo que me rasque la espalda, pero yo respondo que intentaré mantener la flexibilidad para poder rascármela (la espalda) yo solo, así que todo bien.

Comida coreana típica con cheonggukjang y sundubu
En primer plano un cuenco de cheonggukjang (청국장), sopa de doenjang muy fuerte,
y atrás un cuenco de sundubu (순두부) blanco típico de Gangwon-do.

Respecto a la comida no hay mucho que contar. El primer día repusimos fuerzas en un pequeño restaurante tradicional y por la noche cenamos una parrillada en el hotel que no me dio tiempo ni de fotografiar. Imagínate qué hambre había. Ya digo que lo mejor fue el desayuno buffet, sobre todo porque el pan y el queso eran de verdad y había varios tipos diferentes para elegir y repetir. Tanto comí que ese día no me hizo falta ni almuerzo ni cena. Solo de pensarlo se me hace la boca agua.

El regreso lo hicimos por otra ruta, pasando por Sokcho, para evitar mareos. Me dio tiempo de ver bastantes carteles que aprovechan el tirón de Pokemon Go, que en Corea solo está disponible en esta porción de costa. Llegamos a casa al filo de la medianoche, cansados pero felices de haber hecho una escapada por la que recordar este año tan laborioso.

Mar de la costa este de Corea del Sur al atardecer

Lo mejor del viaje para mí, aparte del relax, fue una vez más el mar. Me encanta ver y oír el mar, y la costa este de Corea es un muy buen lugar para hacerlo.
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  1. A veces para poder recargar las pilas no hace falta irse muchos días, aunque si que es tentador. Aún recuerdo cuando fuimos en su día a Chiang Mai por apenas 3 días pero si que disfrutamos bastante.

    Muy chula la última foto.

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    Respuestas
    1. Tienes toda la razón. Estos dos días me sentaron de maravilla y cundieron más de lo que pensaba.

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